Foto sacada de http://org-siembra.blogspot.com.co/
Las protestas y
movilizaciones, en general, que se están presentando a lo largo y ancho del
territorio nacional son expresiones sociales y políticas que tienen como
propósito, entre otros, hacer un llamado de atención a todo el país y al
gobierno sobre la situación que vive actualmente la sociedad colombiana.
Vale la pena mencionar el
carácter multidimensional de los paros y protestas nacionales. Factores
económicos, sociales, políticos, culturales, entre otros, determinan y se ven
involucrados en manifestaciones sociales de estas características. Los actores
sociales, que vendrían siendo cada uno de los individuos que forman, impulsan y
estructuran las manifestaciones sociales, es decir los campesinos, indígenas,
taxistas, académicos, afrodescendientes, camioneros y estudiantes, los que
presentan demandas, exigencias y soluciones a sus necesidades sentidas.
La
legitimidad surge como un problema claramente identificable cuando se refiere a
términos de apropiación, debido a la configuración que se debe sustentar en
cuanto a la aceptación por parte de la sociedad. La existencia de elementos
comunes en cuanto a la concepción y formas de percibir el entorno o problemática,
es una condición fundamental al momento de precisar las bases de las
estructuras socialmente construidas.
El
principal problema que se puede identificar en torno a las exigencias que
realizan los diferentes sectores sociales o gremios es el bajo impacto, apoyo o
reconocimiento que tienen las inversiones públicas; debido a que estas
inversiones son la consolidación, o dicho de otra manera, la materialización de
las políticas públicas que sirven como herramienta en la práctica de formar
planes, proyectos o programas con la capacidad de solucionar conflictos de la
sociedad. La formación y cumplimiento de estás deberá ser un asunto a
reforzar.
En el caso colombiano el
derecho a la libre reunión y manifestación pública de personas está consagrado
en la constitución de 1991, específicamente su artículo 37, el cual afirma que
“Toda parte del pueblo puede reunirse y manifestarse pública y pacíficamente.
Sólo la ley podrá establecer de manera expresa los casos en los cuales se podrá
limitar el ejercicio de este derecho.”
Esto implica que si bien el
derecho a la protestas y a la manifestación pacífica es avalado por la constitución, este no es
fundamental ni absoluto, es por esta razón que puede llegar a ser limitado y
estructurado bajo ciertas normas a través de ley. De esta forma, si una
manifestación llega a obstruir o vulnerar algún derecho de un tercero esta será
inmediatamente ilegitima y por lo tanto deberá ser intervenida.
Con esta ley la Corte
Constitucional plantea que será deber del estado valer y proteger a las
personas que decidan hacer uso de la protesta, pero este deber será
inmediatamente traspasado por el obligación de cumplir los derechos de terceros
que lleguen a ser afectados por la manifestación, el deber de mantener el orden
público haciendo uso de herramientas y mecanismo de control social. Las vías de
hecho, como por ejemplo el bloqueo de una vía, estarán alterando el orden
social.
Las movilizaciones urbanas
y rurales, por parte de los actores sociales, representan formas de
participación política. Estas formas de participación son expresadas, entre
otras, de dos formas: las protestas sociales y los movimientos sociales. Las
protestas sociales constituyen el conjunto de acciones sociales colectivas que
expresan intencionalmente demandas o presionan soluciones ante el estado, las
entidades privadas o los individuos. Por otra parte, los movimientos sociales,
que según Mauricio Archila son aquellas acciones sociales colectivas más o menos permanentes, orientadas a
enfrentar injusticias, exclusiones o desigualdades, y tienden a ser
propositivas.
La movilización campesina
se ha producido en el contexto Latinoamericano, según Archila, principalmente
es debido a tres grandes crisis: primero, la crisis demográfica, que afecta el
equilibrio entre la población y los recursos naturales disponibles,
especialmente la tierra; segundo, la crisis de los ecotipos, que abre la tierra
a los nuevos mercados comerciales, valorizándola e integrando la producción
campesina a círculos comerciales de mayor importancia estatal; y por último, la
crisis de autoridad, que aparece debido a las dos anteriores crisis descritas y
se caracteriza por debilitar el poderío y mecanismos de control territorial y
social tradicionales de una zona.
La acción social colectiva
trasciende el mero instinto. Por lo común, en toda demanda ciudadana hay la
percepción de que se ha cometido una injusticia o de que existe una inequidad
en relación con otros grupos sociales, nacionales o internacionales, o con el
pasado. La gente no lucha simplemente porque tiene hambre, sino porque siente
que no hay una distribución justa de un bien material, político o simbólico.
Son con base en esta lógica y estas inconformidades que el gremio de transporte
ha venido realizando los repetitivos paros.
Cabe
resaltar el importantísimo papel que han venido jugando los medios de
comunicación alternativos, como las redes sociales y páginas web, en la
transmisión de información de la situación que se vive en las marchas,
manifestaciones y los paros. En la nueva era de comunicación digital, que se
vive alrededor del mundo, se deja en evidencia la corrupción y la mentira, los
medios de comunicación se convierten en sospechosos y los gobiernos son
denunciados; creando inconformidad y repudio público de la población, en
sencillas palabras la confianza se desvaneció, y sin una confianza que
cohesione a la sociedad, al mercado y a las institución, lo que surge es una
amalgama de individuos a la defensiva que luchan y desconfían.
“los movimientos se extendieron por contagio
en un mundo conectado en red mediante internet inalámbrico y marcado por la
rápida difusión viral de imágenes e ideas. No fue sola la pobreza, o la crisis
económica, o la falta de democracia que provocó esta rebelión polifacética. Por
supuesto, todas las manifestaciones dolorosas de una sociedad injusta y de una
política antidemocrática estuvieron presentes en las protestas. Pero fue
fundamentalmente la humillación causada por el cinismo y la arrogancia de los
poderosos, tanto del ámbito financiero, como político y cultural, lo que unió a
aquellos que transformaron el miedo en indignación y la indignación en
esperanza de una humanidad mejor” (Castells, 2012).
Los
movimientos sociales, paros y huelgas que representan la inconformidad de la
población a lo largo de la historia han sido, y siguen siendo, los precursores
de los cambios sociales. Estas inconformidades surgen como una crisis emergente
que la gente ya no tolera en su día a día, obligados a tomar acciones
colectivas que representen sus reivindicaciones y exigencias.
Los
cambios y acciones sociales que un individuo o colectivo realizan son debido,
en un principio, a motivos emocionales que determinan a todo ser humano. De las
6 emociones básicas que se defienden
actualmente (miedo, asco, sorpresa, alegría, tristeza e ira), las ira y el
miedo cumplen un papel determinante en las acciones sociales que mencionamos
anteriormente, siendo la ira el desencadenante y el miedo el represor. Los
individuos entusiasmados y conectados, una vez superado el miedo, se convierten
en actores colectivos consientes, que con el impulso de la ira permite asumir
los riesgos necesarios.
- Castells, M. (2012). Redes de indignación y esperanza: los
movimientos sociales en la era de Internet. Alianza Editorial.
- Neira, M. A. (2003). Idas y venidas, vueltas y revueltas: Protestas
sociales en Colombia 1958-1990. CADERNOS
IPPUR, 141.
- Ciudadania Activa. (13 de Mayo de 2007). Derecho a
Reunión y Manifestación: Artículo 37. Obtenido de Constitución y
ciudadanía:
https://blogjus.wordpress.com/2007/05/13/derecho-a-reunion-articulo-37/